Rahmata Dem Njie

Transportémonos 300 años atrás, hasta el siglo XVIII europeo: la Edad de las Luces. Una época marcada por su gran efervescencia intelectual. Por primera vez, la ciencia se convertía en una pieza central del discurso público, la supremacía que llevaba siglos manteniendo la iglesia se veía cuestionada por los Ilustrados.

 

Cuadro de Charles Gabriel Lemonnier “Lectura de la tragedia de Voltaire ‘L’orpheline de la chine’ en el salón de Madame Geoffrin. (1812)”.

 

Los centros intelectuales como las universidades no eran las mismas instituciones que conocemos ahora. Las aulas eran ocupadas por jóvenes provenientes de familias adineradas, también estaban los que tenían la suerte de ser patrocinados por alguien pudiente, uno de los factores que brindaba la oportunidad a aquellos con menos recursos, a poder también dedicar su vida a la academia.

El siglo XVIII europeo es recordado por sus revoluciones intelectuales, sociales y políticas. Se sentaron las bases, que llevarían años después a dejar atrás las sociedades estamentales e instaurar regímenes más democráticos, según las naciones europeas. A la vez, fue un período violento, marcado por los conflictos y la violencia.

El comercio intercontinental estaba a la orden del día, las grandes potencias europeas se habían instalado en Asia, África y América. Desde el pensamiento europeo los nativos de estos continentes eran vistos como personas incapaces de razonar, seres salvajes a los que había que educar y guiar por el buen camino.

Los barcos negreros aterraban en las costas africanas, desde donde capturaban a hombres, mujeres y niños para venderlos como esclavos. Durante años la imagen que tenían los países europeos sobre los cuerpos negros era la de simples mercancías, objetos que tenían el derecho de manipular, transportar y maltratar de cualquier forma para su propio beneficio económico.

De esta forma, alemanes, holandeses, portugueses, españoles, franceses e inglés, a la vez que vivían una de las épocas más ricas intelectualmente de su historia, invertían y se lucraban de la trata de esclavos.

Dentro de la proliferación intelectual de la época se forjaron nombres tan reconocidos e influyentes a lo largo del continente como Voltaire, Locke y Kant. Ellos y muchos más pudieron vivir en sus carnes la gran efervescencia del momento. Un personaje menos conocido que también formó parte de este histórico movimiento intelectual, desde territorio prusiano, fue Anton Wilhelm Amo.

Si hablamos del movimiento ilustrado en Alemania- «Aufklärung» -las dos figuras que se dibujan rápidamente en nuestras mentes son las de Wolff y Kant. Pero, a lo largo de los años académicos y expertos han ido recopilando información sobre la intrigante figura de Amo.

Lo que sabemos de los orígenes de Amo es que era procedente de la etnia Nzema, conocidos por su linaje matrilineal, del pueblo Akan de Ghana. Con sólo desde su Axim natal, se embarcó en el mismo viaje que muchos de sus paisanos habían realizado y seguirían realizando hasta la abolición de la esclavitud. Quién sabe qué lazos dejaría atrás o cuál habría sido su futuro de haber podido crecer con su familia. Aunque, lo más probable es que hubiera vivido una vida dedicada al trabajo de la tierra, como es habitual en el pueblo Nzema.

 

Doodle de Google, del 2020, en homenaje a Amo a cargo de la dibujante Diana Ejaita. Crédito: Google

 

Pisó suelo europeo por primera vez en 1707, con su llegada a las costas holandesas de la mano de la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales. Este era sólo el inicio de su camino, allí fue ofrecido como un “obsequio” a Anton Ulrich, duque alemán de Brunswick-Wolfenbüttel y se trasladó a vivir a la entonces Prusia. Sobre sus primeros años de vida, su adaptación a su nueva vida y cómo era su día a día en tierras alemanes poco se sabe. No hay registros que nos abran una ventana a estos importantes años de formación. Lo que sí sabemos es cómo era la vida media en lo que hoy conocemos como Alemania.

El papel del país en la política europea no era tan destacado como el que goza actualmente, las decisiones eran tomadas por las tres grandes potencias del momento: Francia, Inglaterra y España. En el reino Prusiano reinaba el provincianismo, los aristócratas y las organizaciones eclesiásticas de cada región acaparaban el poder. La mayor parte de la población vivía del cuidado de la tierra y pagaban tributos a las familias nobles dueñas de las tierras. La vida de los nobles era muy distinta, los hijos de familias como la Brunswick-Wolfenbüttel, no tenían que trabajar largos días al sol para poder subsistir, tenían el privilegio de poder estudiar.

A diferencia de su primera etapa de vida, de sus años universitarios sí tenemos más datos, su carrera académica se repartiría, a lo largo de veinte años entre tres universidades alemanas: Halle, Jena y Wittenberg.

Su periplo universitario dio comienzo en Halle. Un centro muy respetado, lugar donde Wolff, filósofo que se sitúa en la misma escuela que Amo, fue profesor. En aquella época, en el verano de 1727, la Universidad de Halle era un gran centro para el desarrollo del Pietismo y la Ilustración. La presencia en la institución de partidarios de revitalizar la fe personal de los creyentes no impidió el desarrollo a la par del desarrollo de un pensamiento racional ilustrado.

Su paso por la universidad y su gran conocimiento del Derecho al terminar la carrera, quedaron registrados en el diario de la universidad de la época, donde se destacó su disertación sobre El Derecho de los Africanos en Europa. En ella argumentó que el no otorgar derechos básicos a los africanos que se encontraban en el continente, violaba los principios del Derecho romano, sobre el que habían asentado sus bases los países europeos.

Su siguiente reto fue especializarse en Filosofía, eso le llevó hacia el norte, hasta la Universidad de Wittenberg donde con 30 años en abril de 1734, después de cuatro años de estudios, Amo fue nombrado Doctor en Filosofía. Convirtiéndose entonces, en el primer africano negro en Doctorarse en una universidad europea. Si contextualizamos, en 1734 Estados Unidos seguía siendo colonia británica y las potencias europeas seguían adquiriendo territorios en ultramar con sus Compañías.

Ya convertido en Doctor Amo compartió sus conocimientos ejerciendo de profesor en su alma máter, la Universidad de Halle y más adelante haría lo mismo en la Universidad de Jena. Inmerso en este ambiente académico, fue donde durante esos años desarrolló y pulió su pensamiento filosófico, como demuestra su obra Tratado sobre el arte de la filosofía de una manera simple y precisa -, donde desarrolló una epistemología empírica muy cercana a las de John Locke y David Hume. El pensamiento de Amo se subscribía a los principios Ilustrados, compartía esa necesidad de dar explicación a los fenómenos de la vida de la forma más racional posible.

 

Estatua en honor a Amo en la Universidad de Halle, Alemania. Crédito: ©Martin Beitz.

 

A partir del año 1740, durante sus años como docente en Jena, Alemania atravesó muchos cambios sociales, dando un giro hacia una moralidad más estrecha. Para pensadores como Amo quienes no dudaban de la existencia de conceptos como el alma, pero daban mayor importancia a los efectos químicos del cuerpo, defender estos discursos a través de la filosofía era una vía de escape frente a las ideas religiosas tradicionales que volvían a dominar el pensamiento social. A este giro de moralidad, se le sumó que el país estuvo en guerra desde 1741 hasta 1748.

Esos fueron unos años duros para Amo, a pesar de toda su excelente experiencia académica, se le dificultó conseguir ingresos fijos para poder mantenerse, no gozaba de las mismas oportunidades laborales que sus contemporáneos.

Pongamos la lupa hace 300 años o la pongamos en la actualidad, una realidad es que los logros académicos y la riqueza no borran los prejuicios y la discriminación que viven las personas racializadas en su camino académico y laboral. No obstante, no se puede negar que la situación ha mejorado mucho en los últimos tiempos.

En el caso de Amo, vivió y se crio en una sociedad que celebraba que fuera el primer negro en Doctorarse en una universidad europea, a la vez que le obstaculizaba el poder hacer una vida social normal. Una lectura general de la vida del pensador es que consiguió grandes logros académicos, pero no logró arraigarse del todo en la tierra donde se había criado o más bien no tuvo la oportunidad de hacerlo, ni la sociedad estaba preparada para que lo hiciera.

Un ejemplo claro de esto aparece en escritos y estudios que se han hecho sobre su persona en los últimos años. En ellos, algunos autores aseguran que la razón por que nunca se casó en suelo alemán no fue porque hubiera una negativa por su parte, sino porque no hubo familia que quisiera aceptar la unión de alguna de sus hijas con el filósofo.

Podríamos especular que el malestar social generalizado por la guerra, el auge del nacionalismo y las dificultades económicas del país sumadas a ese sentimiento de desarraigo fueron algunas de las razones que llevaron al filósofo a embarcarse en una barca rumbo a su Ghana natal en 1751. Aunque vivió toda su vida fuera de su tierra, nunca olvidó sus orígenes. Amo escogió pasar sus últimos días entre los suyos, volver a sus raíces, donde viviría en circunstancias desconocidas para nosotros hasta su muerte alrededor de 1754.

Aunque en su época no gozó de la notoriedad que merecía por sus escritos, sino más bien por ser visto como una gran excepcionalidad por su color de piel. Debemos intentar dar un paso atrás y seguir recordando su figura poniendo el mayor foco sobre su trabajo y su pensamiento filosófico. De esta forma conseguiremos que cuando en un futuro se hable de la figura de Anton Wilhelm Amo, lo primero que se destaque sea su línea filosófica y no sólo el hecho de haber sido el primer negro en Doctorarse en una universidad europea.

 

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Rahmata Dem Njie. Periodista. Hija de padres gambianos, amante de la literatura y de la música. Entre mis intereses están el periodismo de investigación y el cultural, además del continente africano por su gran riqueza cultural, diversidad y porque es donde se encuentran mis raíces. Twitter: @rahmatadem

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