Anna Sans – Lleida | La religión representa a menudo uno de los elementos identitarios mas importantes para una comunidad en la diáspora, que permite un estrecho vínculo con la cultura del lugar de origen y crea lazos comunitarios fuera de él. Las celebraciones religiosas son una buena manera de acercarse y observar una cultura, y como apasionada de la cultura senegalesa, intento estar al tanto de las fechas, sobretodo de las celebraciones de la cofradía mouride (que varían cada año, ya que se basan en el calendario lunar, que es el que rige generalmente toda la tradición islámica). Las celebraciones de la cofradía mouride o murid tienen la particularidad de que son extraordinariamente abiertas a todo aquél que quiera participar, comparta o no la fe, y las caracteriza una mezcla única de solemnidad e informalidad en la que se hace fácil sentirse cómoda y acogida.

En el local de la asociación Germans de Touba (hermanos de Touba) en Lleida, se encuentran cada domingo personas de Gambia, Mauritania y Senegal, e incluso algún que otro catalán seguidor de esta corriente, que a menudo se etiqueta como sufismo africano. En fechas señaladas la afluencia es mucho mayor y llegan hasta Lleida senegaleses de toda la provincia. Una celebración religiosa mouride es siempre un buen motivo para el encuentro con los compatriotas; funciona a modo de reunión social y acuden a ellas también fieles de otras cofradías o tariqas islámicas, no solo los murid.

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El Magal Porokhane es la única celebración musulmana murid dedicada a una mujer, Sokhna Mame Diarra Bossou, madre de Cheick Amadou Bamba, también conocido como Serigne Touba, fundador del muridismo en el siglo XIX. Los restos de Mame Diarra se encuentran en un mausoleo en la ciudad senegalesa de Porokhane, importante lugar de peregrinaje religioso y también sede de una escuela coránica femenina con el nombre de la santa, de ahí el nombre de la celebración.

Cuando hay una celebración como el Magal Porokhane, los preparativos se hacen semanas antes: los miembros de la dahira se reúnen, recolectan dinero, compran la comida, deciden a quien van a ir dirigidas las limosnas una vez cubiertos los gastos, se organizan equipos y turnos para cocinar (unos de mañana, otros de tarde), para filtrar y preparar el café, se decide también quien va a dar la conferencia o sermón y se prepara el discurso. Generalmente la preparación y servicio de la comida corre a cargo de las mujeres y los Baye Fall (hermandad de seguidores de Ibrahima Fall, principal discípulo de Amadou Bamba), que se encargan también de preparar y servir el café touba durante toda la ceremonia. A diferencia de otras celebraciones murid, en el Magal Porokhane todas las decisiones importantes (como la elección del menú y la distribución de la limosna) las toman las mujeres.

Al llegar, por fin, al lugar, me descalcé y me senté en la zona reservada para las mujeres. Mis zapatos no tardaron a desaparecer entre la montaña que al rato se había creado en el rincón. La paz vibrante que inspiraban los cantos de los khassidas (poemas de Serigne Touba inspirados en el Corán) y que provenían del centro de la sala, donde un grupo sentado en círculo recitaba, se mezclaba con el ajetreo de la cocina, el pasillo y los niños correteando alegremente por el local. Las personas con las que había contactado para poder hacer las fotos estaban demasiado ocupadas como para atenderme y me dieron vía libre, sin preocuparse demasiado, para que hiciera fotos por todos lados, incluso en la zona de los hombres.

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La gente entraba y salía, hablaba por teléfono, grababa los cantes, rezaba o tomaba café. Las mujeres hablaban, intercambiaban fotos con el móvil y daban el pecho a los bebés. Los niños pasaban de un brazo a otro o se arremolinaban a mi alrededor, hablándome en wolof, curioseando la cámara y tocándome el pelo. En la cocina, la cafetera no paraba ni un segundo, y los encargados del café sacaban bandejas llenas de vasitos con el especiado café touba que se repartían entre la gente. Después del tercer vasito de café demasiado caliente se me anestesió la lengua y empecé a pensar que me costaría conciliar el sueño, pero vi que los niños también lo tomaban.

Fuera llovía a mares. La luz de la sala era muy tenue así que la mejor opción era utilizar una lente corta y fija para las fotos. Opté por un 50mm, lo que me obligaba a acercarme mucho para las tomas. Eso no pareció molestar a nadie, al contrario, algunos no tenían problema en interrumpir sus rezos o lecturas para pedirme que les sacara alguna foto y la proximidad me permitió captar esa intimidad que se respiraba en la reunión, a pesar de la cantidad de gente que había.

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El emotivo recital de Khassidas duró largas horas. El sonido lo impregnaba todo y me dejaba la mente en un inusual estado calma. Después, todo el mundo se puso en fila para rezar, los hombres delante y las mujeres detrás, y seguidamente uno de los Diewrigne (líder) dio el discurso, que fue íntegramente en wolof, así que no me quedó otra que ir pidiendo traducciones. Aproveché el momento del discurso, para adentrarme de nuevo en la cocina a intercambiar impresiones, bromas y risas con la gente. Al terminar el discurso, Cheick Fall, se acercó risueño a mi para charlar cordialmente e intercambiamos ideas mientras los demás nos daban prisa para que nos laváramos las manos en unos cubos con agua y jabón si no queríamos quedarnos sin comida (lo que me pareció imposible vista la cantidad). Lo primero que me dijo es que debería haber dado el discurso una mujer (las conferencias religiosas de los murids pueden darlas cualquier persona con suficiente conocimiento del Corán, sea hombre o mujer, sin necesidad que sea un sacerdote o imám) porque el Magal Porokhane es una celebración en honor a las mujeres y nadie puede hacer llegar el mensaje de Mame Diarra a las mujeres mejor que otra mujer.

Lo que hablamos, con total cordialidad, me sirvió para corroborar algo que hace tiempo que voy repitiendo sobretodo ante los prejuicios contra los musulmanes que recorren el mundo: no sabemos nada del Islam. La ignorancia que hay en el mundo relacionada con el Islam es tanta como la ignorancia sobre África. Y es momento de acercarse y conocer.

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Yo opté acercarme a una distancia de 50mm y fue una experiencia más que enriquecedora que me llevó a entender los contrastes, pero no solo los provocados por el encuentro con el otro o el de colores de piel. Tampoco el contraste entre los brillantes y coloridos vestidos de las mujeres con los colores más sobrios de los trajes de los hombres, o la sencillez del local con la extravagancia de las ropas y accesorios dorados y con brillos. Me refiero a los contrastes que parecen propios de la cultura senegalesa, donde siempre la solemnidad con la informalidad, la ostentación con la humildad, el orden con el caos, la tradición con la más punta modernidad, la intimidad y la fiesta, la cercanía y el abismo, se encuentran en el más absoluto equilibrio.

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