Tania Adam. Traducción de Kira Bermúdez

La escritora NoViolet Bulowayo, es una mujer que adora la oralidad y quiere a los libros. Lo llama Orature. Para ella, apreciar a los libros significa amar a los países porque “leer abre la mente y te convierte en ciudadana”. Proviene de un país complejo, Zimbabue, igual que muchos otros países africanos que aún viven con el lastre de la colonianialidad. Nació después de la Independencia, no vio muchas de las miserias que pasaron sus compatriotas, pero vio y vivió otras, porque las promesas de la Independencia nunca llegaron y “el país de Mugabe” fue de mal en peor: “No estaba preparada para ver como mi país se desmoronaba, millones de personas empezaron a abandonarlo mientras yo vivía cómodamente en Estados Unidos”. Esa experiencia la desestabilizó y lo único que pudo hacer fue escribir, “quería explicar nuestra historia, la experiencia de mi pueblo y hacerlo de manera que preservara su dignidad en tiempos en que dicha dignidad se estaba corrompiendo”. Así nació la novela “Necesitamos nombres nuevos”.

El libro habla de fronteras, explica la historia de gente que deja atrás su patria, su ciudad natal poniendo en valor el lugar y la vida que dejan atrás. Aunque es la historia de Darling en un barrio llamado Budapest en Zimbabue y en otro barrio de Detriot (Estados Unidos), este libro habla de una voz colectiva, del “nosotros”, y para NoViolet Bulawayo es una historia que incluye a todos los inmigrantes, no solo los de Zimbabwe y de África. La sensación es la de leer una historia humana sobre otra persona, la historia de una chica que ha vivido una otra infancia distinta pero con la que te puedes identificar. Cuando hablemos de la crisis de los inmigrantes tenemos que abrir “Necesitamos nombres nuevos” para entender mejor lo que significa migrar. “La gente siempre ha cruzado fronteras, siempre ha inmigrado ¿por qué hablamos de crisis hoy en día? La lectura de determinados libros permite cambiar de perspectiva. Creo que es muy diferente si uno reconoce primero la humanidad del otro”, afirma durante el Encuentro [1] con Jane Lazarre y Najat El Hachmi, que tuvo lugar en la Bienal del Pensamiento que tuvo lugar el pasado mes de octubre en Barcelona. [Ver vídeo].

Después de estar dos horas reflexionando con Najat y Jane sobre la escritura como herramienta de equilibrio individual, y un medio para reafirmar una identidad colectiva en lucha permanente por la supervivencia y el reconocimiento, nos fuimos a conversar sobre la escritura y la oralidad en África y el papel de los escritores en transformación de la visión del continente. Fue un espacio peculiar, al que se unió al final una de las espectadoras del encuentro, Joana Artís.

Nota: En un intento de realizar todo un homenaje a la orature, he preservado al máximo la conversación tal como la mantuvimos.

 

 

¿Te ves empujada a predicar sobre el continente?
Depende del contexto de la conversación. Es que es agotador tener que explicarle a Occidente quién eres, porque esa es la expectativa. “Somos de otro lugar, no sabemos nada de ello, edúcanos”, nos dicen. Así que normalmente no lo hago. Intento alejarme de ese posicionamiento porque mis colegas occidentales no acostumbran a hacerlo, ellos pueden coger un avión a Harare, volar donde quieran, y lo dan por sentado que pueden llegar sin más y hablar de su trabajo y nada más, ¿sabes? No tienen que hacer el trabajo antropológico.

Pero cuando estoy en el continente, la verdad es que no me molesta esa conversación porque me interesa nutrir la escritura africana, ampliar las perspectivas y construir puentes que puedan cruzar distintas fronteras. Aunque no lo crean, somos un continente pero con muchos países, y no hablamos todo lo que debiéramos entre nosotros.

A propósito de los escritores, ¿con qué tipo de escritores tienes contacto? ¿Tenéis una red? 
Sí, tenemos redes, la mayoría de escritores como yo, que han vivido en Occidente. Nos vemos en festivales. Me encuentro con Teju, por ejemplo, con Chika UnigweE.C. Osondu. Es muy raro que me encuentre con un escritor que viva en el continente, porque nadie hace el esfuerzo de traerlos hasta aquí, así que de alguna manera limita nuestras conversaciones. Pero cuando estoy en el continente es diferente. Estuve en el Ake Festival de Nigeria hace dos años, he estado en el Open Book Festival de Ciudad del Cabo, son festivales llenos de talento local. Y es un buen espacio, una buena conexión, una oportunidad. Porque somos de un lugar, pero el simple hecho de estar viviendo fuera significa que hay cierto tipo de desconexión que necesito abordar interactuando con la gente sobre el terreno, tanto con escritores como lectores. 

Te has referido a Teju. Teju Cole es uno de los representantes de los escritores africanos. He leído alguna crítica que alega que escribe para los occidentales. ¿Qué piensas de eso? 
Yo creo que Teju escribe a Teju. No creo que escriba para los occidentales. Pero es que  escribir sobre la familia africana… Bueno, ya sé de qué va… Lo que comentas tiene que ver con la costumbre de encasillar a los escritores africanos en lo que deberían estar escribiendo. 

Dime, ¿qué piensas de este encasillamiento?
La obra de Teju suele encasillarse en la temática africana de la familia y los ancestros, pero él estaría más relacionado con alguien como Sebald, por ejemplo, que es de origen europeo, antes que con un escritor africano con fuertes resonancias, como Achebe. Así que también tenemos ese tipo de limitaciones problemáticas que se nos imponen, en lo que se refiere a nuestra producción. Y me gusta mucho Teju porque reivindica su lugar como un hombre del mundo, hace lo que le da la gana y cruza todo tipo de fronteras. Y me encantaría que nuestras imaginaciones pudieran expandirse por todo el mundo, incluido cómo pensamos la literatura africana y cuál sería su cometido.  

¿Y qué piensas de África, en relación con su futuro?
Bueno, creo que por el hecho de haber vivido en otros lugares… de haber sido sacada de Zimbabue, diría que me gustaría ver una África abierta, siendo consciente de que ahora, lo africano es una identidad, una categoría muy complicada. Ahora tenemos a gente que es de origen africano pero que ha nacido en Europa, en Estados Unidos…

La diáspora…
Así que quiero una África que tenga las puertas abiertas. Me refiero a que abre sus fronteras a personas con diferentes experiencias, ya sea de sexualidad, de lugares de origen, de todas las identidades diferentes. También tenemos la tendencia a ser más cercanos, creo, como africanos, es el término más habitual, unimos las cosas, lo que sea, puede ser la vestimenta, puede ser lo que sea… ¿cómo puedes decir que algo no sea africano?

Sí, una idea abierta de África. Creo que el mundo occidental no tiene esta idea abierta de lo que es ser africano. ¿Cómo subvertirlo?
No sé si este tiene que ser nuestro trabajo. Cierto es que hacemos inevitablemente porque no tenemos otra opción, porque nos cabreamos con las imágenes que vemos de nosotros mismos. Yo creo que simplemente tenemos que hacer lo nuestro, ya nos alcanzarán cuando nos alcancen. Hablando con Ngugi wa Thiong’o, por ejemplo, dice “yo llevo un montón de años haciendo esa mierda y lo sigo haciendo”.

¿De quién es el trabajo? No es tu trabajo porque eres escritora pero…
No, yo digo que no debería ser nuestro trabajo porque entonces podríamos dedicar más tiempo a otras cosas más emocionantes, mientras que todo esto va dirigido a gente que no tiene ningún interés en vernos en toda nuestra plenitud.

¿Por qué? ¿Por qué crees que es así? 
La intolerancia, la ignorancia y a veces el racismo han sido siempre parte de todo esto. Y esas actitudes no van a ninguna parte. Y parte de la belleza de las cosas en el continente es que la gente puede existir sin siquiera pensar en otros lugares, como los Estados Unidos o Francia o lo que sea. Viven sus vidas, están en un pequeño paraíso y creen que son el universo entero. 

Pensando en el paraíso… ¿El paraíso es un lugar donde creciste, o es un lugar de ficción?
Es ficción. Yo nací después de la independencia. Mi generación nació en libertad, no tuvimos esa espantosa niñez. Así que el paraíso es algo que está ahí para ser creado, entendiendo que se trataba de una nueva experiencia en Zimbabue que surgía de la violencia del gobierno, supongo. Ellos crearon el paraíso.

 ¿Y Budapest, El barrio donde transcurre la primera parte de tu novela?
Budapest lo he creado también, pero siento que es real.

Sí, el paraíso existe y Budapest también.
Sí, Budapest existe. Sabes, yo viví en Oakland, donde la gente vive en tantas subdivisiones de lugares basadas en la clase. Así que siento que, en realidad, Budapest era una parte natural de todos los lugares.

Cuando vas a Estados Unidos, ¿es parecido al lugar de Detroit o vas a otra ciudad…?
Llegué a un pueblo pequeño, Kalamazoo, está al lado de Detroit. Para alguien que venía de Zimbabue, era un lugar muy nuevo, no estaba acostumbrada, sabes, me refiero a que los padres jugaban con los niños, cosa que no pasa por lo general en África, donde los niños juegan con los niños. De pronto me encontraba en un lugar donde salía a jugar pero mis amigas no estaban. Una experiencia diferente, donde tenías que hablar todo el rato en inglés y eso para mí… Es que yo solo escribo inglés, no lo hablo.

¡Qué interesante! ¿Lo escribes pero no lo hablas?
No, quiero decir, en aquella época. Porque yo crecí en un viejo barrio negro donde solo se hablaba ndebele, así que el inglés era la lengua que tenía en la escuela y ahí se quedaba. Si llegabas a casa hablando inglés tus padres te echaban la bronca porque creían que querías hacerte la superior, que te hacías la listilla. Así que llego a Estados Unidos y de repente se supone que tengo que tener una relación íntima con la lengua, que para mí no era así porque yo solo había usado el inglés en lugares muy específicos y limitados. 

¿Querías ser blanca en algún…?
No, porque no lo soy. 

Pero entiendes lo que quiero decir…
Sí, claro, mis padres me preguntaban “¿por qué hablas inglés, eres blanca o qué?” No, no lo soy, les decía, es solo un idioma. Pero es interesante cómo han cambiado las cosas ahora en mi país, los niños todos hablan inglés, ni siquiera hablan sus propias lenguas. Ahora ya no es solo en la escuela donde hablan inglés. 

Es una colonización.
Y ahora, con los padres de la diáspora que traen a sus hijos que no hablan sus lenguas…. Es un cambio interesante por lo que se refiere a nuestra identidad.

Y en relación a nuestras raíces. 
¡Sí, exactamente!

¿Qué relación tienes con tus raíces? 
Son bastante fuertes. A mí me crió mi padre, que estaba muy a favor de nuestra identidad. Se esforzó mucho en inculcárnosla. Yo quise borrar todo eso, por decirlo así. Pero con el paso de los años, no lo conseguí. Cuando llego a casa la gente me dice “¡pero si pareces más ndebele que nosotros!” 

 

 

¿Por qué decidiste regresar a Zimbabue? ¿Estás preparando una novela nueva? 
Es solo que quería escribir desde un espacio nuevo.

¿Necesitabas algún tipo de inspiración?
En parte es inspiración y en parte es darme cuenta de que si miro a esos chicos de allí mientras estoy aquí y luego si salgo allá afuera y los miró desde allí, voy a ver cosas diferentes. Así que estoy en plan ¿qué significa mirar mis historias, mirar a mi gente desde otros lugares que no sean los Estados Unidos? ¡Es asombroso, sabes! Para mi cada día es nuevo, salir de casa y ser consciente de lo que estoy viendo, la gente que vive sus vidas y yo lo estoy viendo… 

Eres como una observadora.
Sí, soy una observadora y es algo maravilloso.

¿Te gusta lo que ves?
Sí, bueno, es una relación complicada. Me gusta el hecho de ver a mi gente, los veo como son. Pero también, no me gusta lo mal que lo están pasando. Es un momento duro para el país ahora mismo, pero esto lo voy negociando sobre la marcha. 

Quizá es que ahora Zimbabue es un país duro, el momento post-Mugabe… No es un país fácil para vivir, quizá.
No, no lo es, pero es su país…. ¡qué pueden hacer!

Lo aceptas pero a veces tienes que luchar contra esa visión de tu país que tiene la gente. Por eso te pregunto si no estás cansada de decir que tu país es así, tu cultura es así, y que tengas que luchar siempre contra esa manera occidental. ¿No estás cansada? Porque yo a veces me canso de explicar que los africanos son así, que no son como tú los ves…
Bueno, es lo que te decía antes, depende de con quién estés hablando. No debería ser nuestro trabajo explicarnos, es agotador. Porque la gente lleva años explicándolo, 100 años de explicaciones…. A veces necesitamos seguir adelante con nuestras vidas. 

A propósito de tu escritura, me interesa que hablemos de la oralidad. Tú, como  novelista africana, ¿te sientes una novelista oral o una novelista de escritura?
Yo creo que las dos cosas. Pero para mí la parte oral es importante porque me criaron vinculada al origen. Cuando yo era pequeña la mayoría no iba a la escuela y si iban, era por menos de 7 años. Así que cuando te llevabas a casa un libro de Charles Dickens, nadie lo leía porque no podían acceder a él, no accedían al inglés, el inglés los superaba. Yo quería que mi obra se pudiera leer, ya sea en la escuela o por gente que tuviera un mínimo conocimiento del inglés porque no quiero que la lengua excluya… 

Que no sea un impedimento para el conocimiento, la lengua, digo.
Sí, porque cuando el inglés llegó a África lo hizo con tal violencia que el universo africano no podía acceder a él… Así que busco maneras, por cómo fue nuestra relación con el inglés, tal como nosotros lo entendíamos, porque nos llegó como un medio para la exclusión…

¿Y tu próxima novela? ¿Qué quieres contar?
No lo sé. Lo verás cuando salga. 

Por favor, cuéntanos. Una noticia exclusiva sobre… 
¡No te lo voy a contar! 

¡Ya lo sé! ¿Es una sorpresa?
Sí, pero estoy contenta con lo que estoy escribiendo.

¿Vibraciones distintas?
Exactamente.

¿Cómo te sientes con todo lo que has tenido que pasar al llegar a Barcelona?
Estoy enfadada de que tenga que lidiar con esto, con vuestra inmigración de aquí, cada vez que vengo a Europa…

¿No es la primera vez que vienes?
No, pero cada vez que vengo, tengo que pelearme con Inmigración.

¿Y en Estados Unidos?
En Estados Unidos, no tanto. Sí hay dificultades, pero no es tan exagerado como aquí. Quizá porque en el sistema de Estados Unidos saben que vivo allí. Aquí la gente cree que vengo para… ¡yo qué sé qué se piensan que vengo a hacer aquí! Así que me estropea un poco la experiencia de estar aquí. Y cuando vuelvo a casa me digo que no volveré nunca más a Europa.

Pero ésta es tu experiencia con la inmigración de aquí.
Sí, pero la experiencia comienza allí, empieza con la Embajada española de Zimbabue…. Empezando por el hecho de decirme cómo es mi país y todo eso, lo típico. Pero en fin, luego se me pasa, a pesar de lo irritante que es. Esto que hacemos, viajar a España… soy una de cómo máximo dos, tres personas que lo conseguimos… Es un regalo, un privilegio, casi nadie lo consigue, por eso vivo cada ocasión siendo consciente de toda la riqueza que me aporta, es un regalo tan grande. Lo único es que estos eventos suelen ser clasistas… nosotros somos una gente pobre, somos inmigrantes, así que tenemos que trabajar para que el público que venga sea más diverso y…

Están en casa, están trabajando… 
Sí, exactamente. ¿Cómo podemos crear un espacio para que toda esa gente quiera estar, porque los libros les parezcan interesantes?

En un acto, ¿te gusta cuando hay más gente negra en el público? Porque no había gente negra… 
Sí, eso pasa mucho cuando vengo a Europa, el público muy concreto, pero no sé si es debido a una cuestión organizativa desde el principio, o que no se llega a la gente, o que la gente no puede pagarse este tipo de eventos porque les sale muy caro. No conozco la ciudad, pero fíjate en el lugar donde estamos. 

Sabes lo que pasa… que si no eres Angela Davis… 
Puede ser, pero también puede ser porque no se llega a la gente adecuada. ¿Qué implicaría llevar este evento a un barrio pobre de inmigrantes? ¿Qué cambiaría? 

Estoy de acuerdo, no es tanto un tema de ricos y pobres sino del público que llega a la institución pública. Es un tópico.
Sí, es un tópico y por eso no tiene ningún sentido, porque no la experiencia de la gente no está presente. Y ya te puedes imaginar, si quisieras cruzar fronteras encontrarías una manera de llegar a la gente para hablar de ello y crear espacios para ello. ¡Sería maravilloso! Necesitamos nuevas imaginaciones en torno a todo esto.

Tú podrías ser una referente para mucha gente. ¿En Zimbabue eres una referente? ¿La gente te conoce? 
¡Sí!

¿Eres una gran estrella?
¡No! Me escondo, voy a mi rollo, que me dejen en paz.

Tu voz es importante. Porque ahora la gente te coloca ahí como Teju. Y ahora NoViolet es…
No, no quiero que me coloquen ahí, quiero que me dejen en paz. 

Te entiendo y eso es genial, pero a veces…
Sí, me doy cuenta, es inevitable, no te puedes librar de eso, forma parte de la experiencia, supongo.

¿Pero estás en paz con eso? 
Sí, ¿qué quieres que haga?

 

© Smeeta Mahanti

Nota: Se incorpora Joana al diálogo

Tania Adam: A veces es frustrante…
Joana Artis: … Los de su generación, es como si dijeran “ya estamos hartos de luchar, quiero que me dejen en paz y quiero que me reconozcan por lo que hago y que no tenga que…” En fin, supongo que simplemente se trata de normalizar la situación.
N.B.: Sí, exactamente.

T.A.: Lo entiendo, pero se trata de un mito, esto es diferente. Yo creo que la meten en la mitología. Una cosa es que yo hable con ella y tengamos una conversación, pero es que a veces la tratan como si fuera una representante de la literatura africana…
N.B.: ¡Sí!

T.A.: Es diferente.Solo pregunto si estás de acuerdo con esta posición, con que el mercado te ponga allí.
N.B.: Ya, hasta cierto punto no tiene que ver con que estés de acuerdo o no. Las cosas pasan así y dices oh, vaya mierda, pues bueno vale.

T.A.: No es tu propósito.
N.B.: Eso, no es nuestro propósito, pero te das cuenta de que forma parte de la experiencia. Quiero decir, lo hablamos con mis amigos africanos y decimos “¡uff, dios mío!”, ¿sabes? Pero luego también te das cuenta de que quizás la gente necesita ver estos rostros que cuentan estas historias, y entonces dices, vale, no me entusiasma pero lo asumimos porque comprendemos el valor que tiene, comprendemos que es importante que los jóvenes nos vean.

T.A.: Sí, pero es tu trabajo.
N.B.: Se convierte en mi trabajo.

J.A.: Acaba formando parte del trabajo. Yo creo que es una cosa generacional, porque quizá para la generación anterior ése sí fue su propósito. En el caso de ella, no es el propósito pero acaba formando parte del trabajo…
N.B.: Una de las cosas que me cambió fue cuando escribí el libro, y lo leían sobre todo adolescentes, y luego eran jóvenes de todo el mundo que leían el libro. Y sentarme con ellos y ver lo que sacaban de la lectura y oír que algunos decían que les había cambiado la vida… Pues entonces dices, vaya, bueno, pues claro que tengo que asumir esta tarea.

T.A.: Depende de la personalidad porque yo entrevisto a diferentes escritores…
J.A.:¿tendríamos la misma conversación con cualquier otro escritor?
T.A.:No.
J.A.: …que no se sienta necesariamente representante del escritor africano porque la experiencia que explicas le podría pasar a cualquier escritor
N.B.: Sí, diría que sí.

T.A.: Pero su postura, ella dice “vale, es mi experiencia”, pero hay quien se lo toma como un trabajo, esa es la diferencia. No quiero decir nombres pero entrevisté a otra escritora y…
N.B.: Sí, ya sé a qué te refieres, te entiendo.

T.A.: Se lo toman como si fuera un trabajo y se colocan en un lugar de ganador, y como ganador tengo que…. Tu postura es diferente.
N.B.: Sí. Le contaba a mi agente que mi familia no lee, sabes, y recuerdo que fui a una presentación de mi libro con mi hermana mayor y ella me dijo “¡Tú te crees que nos impresiona que hayas escrito un libro, pues nos importa una mierda que hayas escrito un libro, nunca he leído un libro!” Y yo pienso, vale, me gusta eso, sabes, me permite vivir mi vida, que la gente me vea como soy.. Me hace falta ese equilibrio también. 

T.A.: Te entiendo porque en casa de mis padres no había muchos libros…
N.B.: Sí, así es, y eso es importante. Si yo quería leer libros, los robaba, pero en nuestra casa no había ni un libro, pero ahí estaba mi padre contando historias, te gustara o no escucharlas. En casa no había tele así que cada quien se hacía su propio entretenimiento, y mi padre solía decir “ven a sentarte aquí que te cuento un cuento” y yo decía “ay, es que quiero jugar con mis amigas”. Pero él nos bombardeaba con historias, sobre todo cuando iba borracho. Así que, en cierto modo, esa fue mi biblioteca. 

J.A.: La narración oral.
T.A.: Sí, pero lo curioso es que el libro es un objeto y aquí en Occidente es un objeto importante. Pero la oralidad se considera inferior al libro. Lo puedes asumir y explicarle a la gente que, les guste o no, la oralidad tiene el mismo lugar que los libros.
N.B.: Sí, yo también creo que tiene el mismo lugar. Pero claro, no puedes imponérselo a alguien que no lo aprecia, que proviene de una cultura para la que la narración oral no es nada. Para nosotras, es el origen… El libro es algo ajeno (extranjero) para nosotras, llegó con una gente. Así que mi postura es… 

T.A.: Estás hablando de colonialidad.
N.B.: ¡Sí! ¡Exactamente! Creo que es difícil convencer a alguien de que esto es igual de importante, porque entonces te dicen “bueno, para empezar no hay ninguna educación reconocida que esté vinculada a este género, tu abuela no fue a la escuela pero es tu biblioteca, así que ¿qué valor tiene eso?” Es difícil convencer a alguien de que aprecie un sistema de valores diferente.

T.A.: ¡Eso es genial!
N.B.: ¡Y no es nuestro trabajo! Algunas apreciamos que…

T.A.: ¡Eso es genial! Para mí también. Todos los africanos se lo toman como que ése es su trabajo, y tú dices que no es mi trabajo.
N.B.: No, no lo es.

T.A.: ¡Me encanta, me gusta mucho!
N.B.: Es la discusión que tuvimos antes. Cuando alguien te quiere en su programa porque eres… 

T.A.: ¡Negra!
J.A.: Y todo eso de que es tu trabajo… Es lo que, no me acuerdo cómo se llama… Es lo que dice Najat El Hachmi, que intentan ponerla como defensora de cosas, y ella dice “no, yo soy escritora, quiero que la gente se interese por mis libros…” Y luego, si forma parte de la realidad, entonces todo bien, no hay problema, yo tendré otro prisma y otra manera de pensar, porque es cierto, vengo de un país diferente…
T.A.: Eso está muy bien, creo que es interesante, intentaré…
J.A.: Y no es una postura nihilista aunque a algunos les pueda parecer que sí, no lo es.
T.A.: No, no, no, entiendo tu postura. Me gusta. Por cierto, NoViolet, ¿cuándo te marchas de Barcelona?
N.B.:Mañana. Ojalá pudiera quedarme, pero quizá vuelva. Quiero volver para escribir desde aquí, participar en una residencia de escritores. Así que si consigo arreglar eso, volveré.

 

 

[1] “Reflexiones sobre la escritura: una aproximación desde las narrativas curativas” – Mirador del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.

 

Entrevista: Tania Adam
Traducción y transcripción: Kira Bermúdez

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