Radio Africa – Barcelona | Hemos sido testigos: en Sinthian, una aldea sin agua corriente ni electricidad, situada en la calurosa región de Tambacounda, al este de Senegal, niños, mujeres y hombres hablan y hacen cosas con el teléfono móvil sin parar. No todos tienen, pero algunos (y no son pocos), tienen dos. Y les encanta, es su único medio de comunicación. A muchos es posible que incluso les haya cambiado la vida, igual que a nosotros nos la cambió y nos la sigue cambiando. En la pequeña y única tienda de 20 kilómetros a la redonda, además de tabaco, cerillas o leche de cabra, no faltaban jamás tarjetas Orange para el saldo: 1000 CFA, 2000 CFA, 5000 CFA… A gusto y capacidad del consumidor. Y para cargar la batería de su preciado teléfono, las madres enviaban a los niños cada día o cada dos, al centro cultural del pueblo (el único sitio con electricidad que consiguen a través de placas solares) provisto de numerosos enchufes especialmente pensados para eso.

Este auge de la telefonía móvil en África que se lleva gestando desde el año 2000, resulta interesante como fenómeno cuantitativo (según Casa África existen actualmente más de 910 millones de suscripciones a líneas de telefonía móvil en todo el continente, lo cual supone un número mayor que el de Norteamérica), pero sobre todo, a mi modo de ver, es fascinante como fenómeno cualitativo y creativo. Es decir, no resulta tan impresionante cuántos móviles utiliza la gente en el continente (que lo es), si no el partido que han sabido sacarle a esa tecnología para hacerse la vida más fácil, lo cual, en principio, es la función que tiene, aunque por estos lares, según cómo, parezca que nos hemos olvidado un poco.

A través de un teléfono sin internet, en África puedes comprar cosas, pagar facturas (aplicación M-Pesa de Safaricom en Kenia), enviar dinero a tu familia, seguir elecciones políticas y noticias (Ushahidi en Kenia), hacer seguimiento y negocios en Agricultura (Farmer-line en Ghana) o seguir campañas sobre salud, entre unas cuantas cosas más. Con escasísimas redes fijas de un coste inasumible, en lugares donde gran parte de la población no tiene acceso a una red bancaria o eléctrica siquiera, la red móvil ha salido triunfadora y ha resultado una revolución facilitando muchas acciones del día a día que, antes de su aparición, podían llegar a ser muy complicadas.

Por otro lado, el negocio para las grandes corporaciones telefónicas está resultando más que jugoso. Muchos ya llevan tiempo frotándose las manos y peleando encarnizadamente por hacerse con el sector africano. Como ha pasado siempre, donde va el dinero va el poder y viceversa, y en este caso no ha sido diferente: uno de las historias más sonadas es el de la Isabel dos Santos, empresaria multimillonaria e hija de José Eduardo dos Santos (presidente de Angola desde 1979) que posee Unitel S.A, la red más importante de telefonía móvil del país, valorada en más de 5.000 millones de dólares. Otro ejemplo es el del filántropo y empresario sudanés, Mohamed Ibrahim, considerado uno de los hombres más ricos del continente y fundador de la empresa telefónica Celtel, que ahora mismo está en manos de Airtel, una compañía hindú muy presente en el continente africano también. Seguimos nombrando: el presidente de la empresa egipcia Wind Telecom, Nagui Sawiris, es el hombre más rico de su país. Mike Adenuga, que ocupa el segundo puesto como multimillonario de Nigeria, hizo su fortuna en la famosa Globacom, que da servicio a 25 millones de abonados en Nigeria, Benín y Ghana… Lo que ya sabíamos: que donde hay necesidad siempre hay negocio, y que los que tienen posiciones de privilegio y se preocupan por esas cosas, pues se hacen de oro.


Pero volviendo a la creatividad y a la gente, sin riesgo de caer en la tecnofilia ni lo contrario, parece que la tecnología móvil está hecha a medida para que un continente como África pueda encarar el presente y el futuro desarrollando sus herramientas a la medida de lo que necesitan. Lo cual suena fantástico para ellos, y para nosotros, de hecho, aleccionador. Porque la tecnología ya estaba ahí: no es el qué si no el cómo lo que importa. Y si no, mirad los anuncios.

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