Rubén H. Bermúdez- Madrid | Publicado el 14 de octubre de 2016

Hace un tiempo, me propusieron escribir sobre racismo para una revista. Era la primera vez que escribía para un medio y no sabía ni por dónde empezar, tenía miedo de meter la pata. Empecé a escribir y descubrí que la única manera en la que me encontraba cómodo era hablando desde la autobiografía, desde mi experiencia y con mis contradicciones. Envié el artículo a los editores, intercambiamos unos correos electrónicos y finalmente el artículo no salió. Meses después he vuelto a leer el texto, ya con cierta distancia, y no me he gustado. Transmite rabia.

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© Rubén H. Bermúdez · Y tú, ¿por qué eres negro

 

“Querido amigo blanco”, empiezo. “No niegues constantemente el racismo en España, no me niegues a mí y déjame hablar cuando te hable de racismo”. El tono es imperativo. “No me llaméis exagerado, víctima y/o radical”, digo, y termino el primer párrafo desde la mofa, explicando que “es absurdo que digas que todos somos iguales cuando una persona a la que llamáis negro te está hablando de racismo”. No quiero reproducir las expresiones burlonas, pero como os decía, al releerme me noto chulo, altivo, muy por encima.

Escribir de racismo y de uno mismo no me resulta fácil, así que pospuse el momento de abordar el texto todo lo que pude hasta que ya tenía que entregarlo;  de noche, en los cascos escuchaba LPs concretos en bucle durante horas. El texto seguía ahí y siempre que miraba el reloj parecía que eran las 4.20am. Sentía que seguía escribiendo el otro yo, el súper. Una vez que expongo mis exigencias, lanzo una batería de preguntas. “¿Sabéis que España fue el último país europeo en abolir la esclavitud? ¿Sabéis, amigos del Sahara Occidental, que también existe lo que llaman Guinea Ecuatorial, la antigua colonia? ¿Sabéis, españoles, que hoy tenemos vallas con cuchillas en las mismas costas dónde, durante siglos y siglos, han muerto y mueren millones de personas africanas? ¿No encontráis relación a todo esto?”. Y sentencio:En España lo negro se esconde, se niega, y se ignora. Os da vergüenza“.

Estoy tratando de reescribir aquel texto. Escribir, leer, reescribir, leer. Vuelven a ser las 4.20am y me empiezo a gustar. Vuelvo a leer el texto original. Me gusta, tiene rabia, es honesto. Pienso que las personas negras también tenemos derecho a tener rabia. Y a equivocarnos. Y a todo.

“Soy consciente de mi negritud cuando voy al colegio y los otros niños me lo dicen”. Así empieza mi testimonio autobiográfico. Y sigue: “Cuando me cantan la canción de los conguitos y la del cola-cao”. También recuerdo la primera vez que alguien me llamó negro: era otro niño muy pequeño, estaba en un mercado y utilizó la palabra “negrito”. Yo no dije nada.

Supongo que escribir sobre mis primeros años en el colegio me debió de reconectar con aquellos libros de Historia “donde la historia universal es la historia del hombre blanco contada por el hombre blanco (heterosexual, claro)”, y “donde el Imperio de Mali o la Revolución de los esclavos de Haiti no existe”. Los libros de historia también me dan para recordar que en mi habitación tenía un póster del Che Guevara pero no de Thomas Sankara. No lo conocía porque no tenía referentes: “ni sales en las series, ni eres el protagonista de nada”. Te llaman “Kunta Kinte”.

Luego empiezo a contar anécdotas y hablo de cuando era adolescente: “dejé de ser mono para convertirme en sospechoso. Un estigma que vino para quedarse. En la tienda, en las puertas de los clubs, en el aeropuerto o en la calle.” Relato la primera vez que la policía me pidió la documentación sin razón aparente. Hablo de que en casa no lo conté y de que mis amigos blancos mayoritariamente negaban el racismo. Hablo de aquella noche en la que “viví una separación identitaria con mis amigos blancos de toda la vida: no me dejaron entrar en una discoteca porque (literalmente, ‘aquí no entra gente de color’). Mis amigos sí entraron y me dejaron tirado. Todos menos Felipe”. El texto sigue y es un lío; hablo de la policía, de ACAB, y de que algunos de mis amigos de toda la vida son policías. También recuerdo “la primera vez que un negro desconocido me saludó sin razón aparente por la calle”.

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© Archivo familiar · Y tú, ¿por qué eres negro?

Y otro tema, claro, es la bandera. El ser español: “la gente se enfada y se decepciona cuando les digo que soy de Móstoles y que mis padres son españoles. A veces en las administraciones me piden el NIE”. Hablo de cómo me paran por la calle porque hay redadas contra la gente no-blanca, redadas racistas. Y eso pasa en España. “Una vez pensaba que estaba ligando y era una policía de paisano. ‘¡Los papeles!’ dijo. Para ella era un negro, un sospechoso, una orden, una redada. Y yo tengo suerte, tengo papeles. A otros, más oscuros habitualmente, los llevan presos a un CIE y/o los deportan”. No, no me siento cómodo con mi españolidad. “Es difícil sentir arraigo hacia un país que te niega de manera constante”. Nunca sé con quién ir en las competiciones deportivas. “Mi héroe era Ruud Gullit y no Emilio Butragueño. Yo ya sabía lo que era ganar una Euro en el 88.”. La sensación de sentirte el otro en tu propio país.

“Y soy exótico, todos (y todas) me quieren tocar el pelo, aunque no me conozcan, van y me tocan. Y me llaman antipático o se enfadan si les digo que me molesta o que qué hacen”. Y hablo de que si a un blanco le llamas blanco, hasta se ofende. Y si te descuidas te dice que le estás oprimiendo aunque lleve toda la vida llamándote negro.“Nos han enseñado que el racismo es una acción puntual llena de maldad, como si la opresión fuera una decisión sentimental. Y no, el racismo es una gran estructura política, económica, social y cultural. Que vivimos en él, como vivimos en el capitalismo”. Al final me hago otro lío y acabo hablando del “negro de whatsapp, y de la hipersexualización del negro”. De cómo se creen graciosos cuando te hablan de tu gran polla o de lo bien que tienes que follar. “Y no puedo llegar a imaginar cómo tiene que ser siendo mujer negra”. Eso no hace gracia, nunca.

Mis privilegios como hombre me llevan a “mis privilegios de mulato”, esa palabra de origen racista. Hablo de la comodidad de mi negritud frente a otras negritudes. De ser cool. De que hubo un tiempo que me llamaban Lenny Kravitz. También escribo un recuerdo extraño. Mi primera novia diciéndome: “mi madre me ha dicho que no quiere nietos negritos, así que mejor que no te vean”. Algunos no nos quieren en sus familias, como ya pasaba en la Biblia. Recuerdo que al escuchar eso no sentí nada, me pareció “normal”. Y cuento batallitas: hablo de los 90, de cuando empezaba a salir por la noche y los nazis se rapaban la cabeza. Recuerdo dos carreras, una de ellas sólo y que nunca conté. “El recuerdo es anecdótico; corrí más que ellos y fácil, pero me rondó la idea de que me podrían haber matado por ser negro”. Así es como asesinaron, un Guardia Civil y sus compañeros de manada, a Lucrecia Pérez. “Tenía 11 años y la recuerdo como la decisión consciente de mi negritud”. Para siempre Lucrecia. Todo eso continúa: ahora en mi barrio todavía se puede leer en alguna pared, ‘los españoles primero’.

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© Búsqueda en google de “disfraz de negro” · Y tú, ¿por qué eres negro?

El texto acaba con anécdotas de mi viaje a Sudáfrica; tenía veintipocos años, era un mileurista y la empresa para la que trabajaba me llevó para algo que no recuerdo. “Para los blancos sudafricanos es imposible desprenderse del privilegio”. Pero lo que más recordaba era como algunos negros me saludaban con cariño: “quizá sólo me vieran como un turista, pero me tocaban mis dreads naturales, me sonreían y asentían”. Me llevé una impresión romántica de que “ellos y yo, los negros del mundo, éramos y somos hermanos. Y sentí que los africanos eran los mayores”. Me gusta pensarlo así. Esta vez sí he publicado un artículo hablando de racismo. Seguro que cuando lo vuelva a leer en un futuro me sonará violento. Hablar de racismo lo es. “Blancos, negros, raza, España.Tabú”.

 

+ Rubén H. Bermúdez, Madrid, (1981). Trabaja como fotógrafo en Barriga Estudio y es profesor de lenguaje fotográfico en la escuela MadPhoto. Cofundador del Fanzine ’10×15′, es autor del fotolibro, ‘Berlin: Looking for freedom’. En 2014 inicia el proyectoY tú, ¿por qué eres negro?’ con el que consigue la beca Fotopres. También imparte talleres, conferencias e investiga sobre la representación de la negritud. Es coordinador de la revista de fotografía ClavoArdiendo-Magazine.

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10 comentarios Radio Africa

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  1. ¿pueden las lecturas aportar algo al derrumbe de este | ONG AFRICANDO SOLIDARIDAD CON AFRICA / 9 abr 2017 12:57 #

    […] fotógrafo Rubén H. Bermúdez en “África magazine” que escribir sobre racismo es violento. Para los que no nos pensamos como blancos nos resulta […]

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  2. La máxima ficción: el racismo (aproximación desde los libros) | LitERaFRicAs / 24 ene 2017 9:44 #

    […] el fotógrafo Rubén H. Bermúdez en “África magazine” que escribir sobre racismo es violento. Para los que no nos pensamos como blancos nos […]

    Reply
  3. Escribir sobre racismo es violento | Ese Caleid... / 21 ene 2017 7:59 #

    […] Una reflexión autobiográfica y sincera del fotógrafo Rubén H. Bermúdez sobre negritud y racismo en España, el eterno tabú.  […]

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  4. Loca del coño y negra - Locas del Coño / 16 ene 2017 2:32 #

    […] Así que siéntate, relájate y disponte a leer planteamientos que posiblemente te escuezan porque, como dice mi querido amigo y fotógrafo Rubén H. Bermúdez, escribir sobre racismo es violento. […]

    Reply
  5. Escribir sobre racismo es violento | Racismo | ... / 4 nov 2016 3:51 #

    […] Una reflexión autobiográfica y sincera del fotógrafo Rubén H. Bermúdez sobre negritud y racismo en España, el eterno tabú.  […]

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  6. dinakq@yahoo.es'
    DinahDinah Koumatse / 16 sep 2016 10:54 #

    Auto cuaderno de una afro-canaria

    Termino el café en el trabajo con los compañeros, y como nos pasa a todas unos te caen mejor unos que otros, pero lo que se repite a lo largo de todos los trabajos que he tenido, es que siempre hago mejores “migas” con los extranjeros, los que entienden mi humor y se atreven a sonreir cuando lanzo sátiras contra el sistema que impera y nos somete. Únicamente los que sabemos que somos la verdadera inspiración en “The Hunger Games” sabemos reirnos de este sistema con cierta dignidad. Luego llega la culpa de ese privilegio que marca la fina pero pesada diferencia entre yo que soy una negra española o ellos que llegaron de lejos y siguen indocumentados o se les concede el favor de ser ciudadanos de tercera clase, a veces de cuarta, eso lo marca las circunstancias sociales del momento. Yo que nací con un pasaporte español y me he criado sabiendo las reglas del juego, como negociar mi españolidad, cuando agarrarme a la negritud que amo,pero más importante a la que he tenido que aprender a amar ante todas las cosas, ya que es lo único que realmente me humaniza…

    Luego cuando llegan las conversaciones que se convierten en un “no me callo más! Con las amig@s de siempre y con los que se atreven a hablar de cosas que no entienden pero que creen que pueden opinar porque ell@s no son “racistas.”.. esas conversaciones que en verdad no llegan a nada porque yo como locutora no dispongo de la audiencia correcta… “Eso ya es historia” me dicen como si no existiera más que la cutre y maldiciente versión de una historia que ni siquiera ellos conocen realmente, cuando yo me he pasado 20 años ( la mitad de mi existencia) estudiando lo que no hay en los libros “oficiales”. Pero no, yo soy la arrogante, la radical, la inflexible, el problema de que aún hablemos del racismo (me río amargamente y mi náusea interminable es la confirmación de que esto es tan real que no tod@s tenemos la capacidad de creerlo…)

    El otro día alguien me decía que no era negra que era mulata…otra invensión condescendiente y maligna del sistema esclavista e imperial. Qué más da el listado interminable de nombres inventados para alejarnos de nuestra esencia. Acaso me tienes que recordar tú que mi madre es blanca. Yo sé exactamente de donde vengo pero no hay línea intermedia, no mido mi negritud como si de una contaminación se tratase… mi posición está claramente determinada por la escala de colores y formas genotípicas a las que pertenece mi “impureza”, pero Oh Dios, soy puramente negra en todas mis pasiones y mi alma no está en venta…

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  7. dmestrep@gmail.com'
    Domingo Mestre / 15 sep 2016 6:43 #

    No hace mucho tuve una discusión con mi novia brasileña en la que intentaba explicarle que en España no éramos demasiado racistas, sin más argumento que la pequeña proporción de negros que tenemos aquí y mi pobre experiencia personal, en la que apenas me relaciono con gente negra, y los pocos que trato son artistas o profesores universitarios a quienes nunca escuché quejarse de racismo. Tu artículo me ha abierto los ojos, muchas gracias por haberlo escrito.

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  8. zemilyz@yahoo.com'
    Emy / 14 sep 2016 10:10 #

    Yo me crié con una madre hippie trabajando en un centro cultural, siempre teníamos a gente del mundo entero en casa, músic@s, bailarines/as, sabi@s, payas@s, pintores/as, acróbatas, etc. Así los clasificábamos. Ví todas las tonalidades de piel y de carácter. También me crié sin tele y rodeada de libros. No me parecía posible que la gente pudiera ser racista, me parecía tan ridículo como que no te guste la gente llamada María o que tuviera el pelo blanco, uñas redondeadas u ojos verdes.
    Con 23 años y un alma cándida conocí a mi marido: francés, de madre negra caribeña francesa y padre blanco francés. Y se me cayó la mandíbula: CADA vez que cruzamos fronteras o aduanas, le paran y le chequean, hasta el pelo!!! Por la calle, gentuza le para para pedirle marijuana! Si él ni siquiera fuma!!! Un padre de familia con dos niños y una mujer, venga ya! Miran a nuestros hijos (uno rubio de ojos marrones y una morena de ojos verdes) y creen que no es el padre sino mi “amante exótico”! Le preguntan que de dónde es “en serio, ahora” cuando dice que es francés! Le llaman “jamaicano”, “rastas” (él lleva dreads, no rastas), mulato! Los policías le paran si va conduciendo nuestro coche sólo!
    Cada DIA hay razones para sentirse ofendido. No entiendo este mundo. El racismo existe, y cómo el sexismo, si no lo vives de muy cerca, NO te das cuenta.

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  9. jrup0@hotmail.com'
    Jesús Rupérez / 14 sep 2016 3:53 #

    Gran artículo,!!!

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  10. martamota@hotmail.es'
    Amy / 14 sep 2016 3:19 #

    Me encanta. Yo soy de afrodescendiente de Madrid , aunque soy de otra generación he sufrido todas esas cosas.. Es tan triste hacerte mayor y darte cuenta de que el que tu consideras tu país nunca te considerará ciudadana “de primera” por tu color..
    Que tu pelo es una especié de atracción del circo de los horrores, que desde bien pequeña tu quieres modificar con químicos para que te dejen tranquila, o quizá para sentirte una más.
    Que viejos verdes te acosen con frases del tipo: “Yo puedo ayudarte” cómo si por no ser blanca necesitases ayuda.. ¡¡Es muy penoso!!
    Pero poco a poco nos hacemos ver, nos hacemos escuchar y eso es lo que vale. Debemos unirnos todos porque no somos “el negro” o “la africana”, somos nombres y apellidos, pensamientos y sentimientos. Somos música y somos poesía. ¡Viva África y la madre que la parió!

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