Clara Núñez – Barcelona | Converso con unos y con otros y en estos albores de entrada al 2016 no acabo de decidirme: ¿estamos en tiempos de cambios o se está dando un nuevo espejismo y todo sigue como siempre? Y esos “grandes cambios”; ¿son cambios buenos o son cambios malos? ¿Es la historia de nuestra especie una historia de repetición o de evolución? ¿Y qué es evolución? No son preguntas fáciles de contestar. El debate sobre si el mundo es estático o está en continuo cambio es una discusión filosófica de antaño en la que, como decía Woody Allen en la película “Melinda y Melinda”, todo depende de cómo queremos mirarnos las cosas, porque verdades siempre encontraremos un poco de verdad en todas las opciones.

A pesar de los relativismos, tal vez porque yo me siento en una especie de estación de paso vital, veo caos a mi alrededor, formas completamente nuevas de comunicarse, conciencia de que las fórmulas que en una época parecía que serían eternas ya no funcionan, ganas de cambiar, a pesar de que no sepamos cómo. Pero también veo dudas, incapacidad de enfrentarnos a las cosas, torpeza… Algo hay que ya no sirve y eso se siente; estamos en una fase “monstruosa”, indefinida e incómoda.

Sentimos que algo se nos está escapando, que en algo esencial nos hemos equivocado y sálvese quien pueda; queremos meditar, no ponernos nunca nerviosos, estar sanos, hacer yoga, comer todo bio, tener un huerto, volver a las raíces madre tierra y a la vez no perdernos una, tener un mac, un ipad, un iphone, tener mil relaciones, mil sensaciones, sentirnos libres, estar en todas las redes, ser dinámicos, activos, eficientes, rápidos, perfectos… Es obvio, se nos está yendo de las manos, y me asusta a dónde nos lleva esa pérdida;¿Hay que dejar ir como predica la filosofía oriental? ¿No hacer y soltar? ¿Tal vez aceptar y tirar pa´lante a la africana? Nosotros la cultura del amarre, de la acumulación, del control, de la posesión y el aferramiento, del hacer, hacer, hacer…La cultura, en definitiva, del miedo, una cosa está clara y es que tenemos mucho que aprender. Sobre todo si vemos en que nos hemos convertido en estos últimos tiempos; la adicción a las redes sociales, el narcisismo, el materialismo, la creciente incultura orgullosa, la falta de arte para vivir, la adicción al ya, el estrés, el activismo del “like”, la incapacidad creciente de comunicación cara a cara, y un largo etcétera, podemos llegar a deprimirnos mucho.

Hasta hace poco nunca me había sentido tan temerosa y tan extrañada de los demás: que la gente vaya sola por la calle grabándose un vídeo con un “paloselfie” da miedo. Van sonriendo como dementes, fingiendo una felicidad completamente falsa que no les importa mostrar a los que pasamos por allí porque en su vídeo quedará registrada “la verdadera experiencia” que sus “verdaderos” amigos verán en Instagram… Observo como utilizamos estas nuevas herramientas para insistir todavía más en los mismos miedos que nos han llevado hasta dónde estamos y en momentos como ese solo veo un precipicio hondo y oscuro, a la vez que no puedo evitar pensar “¿En qué nos estamos convirtiendo?”

Foto: Viviane Sassen

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