Gerard Casas – Barcelona | Una de las cosas que más me gustaba de esa pequeña barbería de la medina rabatí, además de que el precio incluyera varios vasos de té y que me dejaran listo en un plisplás, era poder descubrir los últimos hits musicales del momento. Allí, mientras esperaba mi turno sentado en un taburete casi obstaculizando el paso, podía contemplar el puesto de zumo de caña de azúcar de enfrente, o bien, adentro, no quitar ojo del televisor, imitando la actitud del resto de clientes en la cola de espera.  Hassan, mi peluquero, solía tener el canal libanés encendido siempre que trabajaba, por el que pasaban estrellas como Nancy Ajram, Haifa Wehbe, Myriam Fares

En esa línea del pop más comercial de aquellos lares, el primero que me viene a la cabeza es el cantante y actor marroquí, Saad Lamjarred, ahora enfrascado en una gran polémica mediática tras ser acusado de violación en Francia y respaldado por el monarca marroquí. Su videoclip M3alem se convirtió en el más visto de la historia de Youtube en el mundo árabe, con más de cuatro cientos millones de visitas desde su lanzamiento en 2015.

Sin embargo, quizá por su carácter novel y disidente, ni en las listas de éxitos, ni en los canales libaneses de la barbería, suelen aparecer un gran número de artistas cuyos trabajos merecen ser escuchados. Y es precisamente este segmento el que es interesante dibujar mediante un viaje por los sonidos alternativos que ven la luz en la región norteña del continente africano, a través de cantantes, festivales y colectivos emergentes que merece la pena seguir de cerca.

Dentro del propio panorama underground, siempre ha habido bandas más comerciales que otras: los marroquíes Hoba Hoba Spirit se consagraron como la banda comercial del nuevo sonido alternativo durante la primera década del 2000, antes de la llamada Primavera Árabe; a la argelina Souad Massi siguen coreándola las juventudes más “progres”; es frecuente ver a Oum, cuya estética visual y sonora combina lo folklórico con lo moderno, en numerosos festivales de la región. Conocida por su faceta como activista política, la cantante e instrumentalista mauritana Malouma siempre ha estado en la vanguardia musical, con temas que fusionan su voz, tan áspera como delicada, con las melodías de su ardin (instrumento tradicional exclusivo para mujeres) sobre bases más o menos clásicas, electrónicas e incluso con ritmos reggae.

Y si bien todas estas figuras merecen su debida ración de reconocimiento, existen muchas otras voces, algunas alzadas durante o después de las manifestaciones, que encontraron sus propias necesidades artísticas, mensajes e ideas y quisieron plasmarlo en sus creaciones musicales. Así, prácticamente hallada en la plaza Tahrir, la joven cairota Maryam Saleh se ha convertido en una de las voces más reivindicativas y rompedoras de Egipto con su primer álbum de estudio, Mesh Baghanny (2012). ¡Y llegó en buen momento! Su colaboración con el talentoso y aclamado productor libanés Zeid Hamdan, que comparte apellido pero no parentesco con la excéntrica Yasmine Hamdan, la llevó al terreno de la música electrónica y el trip-hop con exitazos como Ghaba o Eslahat, algunos de los cuales aparecen en el recopilatorio Sawtuha (traducido del árabe, “la voz de ella”), junto con otros temas de rap y pop alternativo a cargo de figuras femeninas de la escena indie de Libia, Túnez y Argelia como Nawel Ben Kraiem, Donia Massoud o Youssra El Hawary.

Otras mujeres norteafricanas que vienen pisando fuerte son la marroquí Hindi Zahra, la egipcia Luka Blue o las tunecinas Neyssatou y Emel Mathlouthi. Ésta última se ganó el estrellato con su single debut Klemti Horra (“Mi palabra es libre”) de un primer álbum cuyas letras clamaban revolución y libertad en pleno 2012.

Con el afán de recuperar la recitación de poesía clásica e integrarla con el rap y las bases electrónicas, la formación francomarroquí N3rdistan lanzó su canal de Soundcloud en 2015, que les llevó a participar en numerosos festivales del norte de África, Oriente Medio y Europa. Así fue como a través de una presencia mística y envolvente, Walead Ben Selim, vocalista del grupo, levantó al público mientras le recordaba eslóganes de protesta durante su concierto en la primera edición del festival Visa for Music en Rabat; una ocasión única para ver tanto a artistas “de toda la vida”, como a bandas más recientes del estilo de Cairokee (Egipto) o Temenik Electric (Francia/Argelia).

El prácticamente recién nacido festival ya se ha convertido en un exitoso punto de intersección entre artistas, periodistas, productores, documentalistas y demás profesiones del sector procedentes de todo el continente africano, Oriente Medio y, actualmente, Latinoamérica. Entre otros festivales norteafricanos que intentan huir de lo mainstream destacan también el Ohstoora (Egipto), Dunes Electroniques (Túnez) o Moga (Marruecos), con claras intenciones de transitar hacia el mundo de la electrónica.

Y justamente con la tabla de mezclas entre manos, de la capital egipcia parece haber surgido una escena ferviente para la música electrónica, con artistas como Rami Abadir y su propuesta sonora experimental de estilo minimal, junto con otros nombres de la escena electro y techno como son Rozzma, Abraxsophia, Raba7, Shlomo Casio, Neobyrd o Sooparlox.  De forma paralela, también se han unido al carro formaciones como Islam Chipsy o Maurice Louca, figuras de renombre dentro del reciente fenómeno musical “electrochaabi”; una amalgama entre ritmos populares egipcios (el llamado ‘chaabi’, música tradicional) y bases electrónicas de lo más densas y laberínticas.

Pero volviendo al espacio en el que no sólo la palabra, sino también la disidencia, adquieren especial protagonismo, no cabe duda de que ese es el lugar del rap. Y si no que se lo digan al rapero marroquí Mouad El 7a9ed, que con apenas diecisiete años fue condenado a varios meses de prisión por ser “demasiado provocador y transgresor” en el año 2014. Solo esperamos que no les suceda lo mismo a otros raperos igual de alternativos como pueden ser Boutheyna “Medusa” Alaouadi (Túnez), Aly Talibab (Egipto), Myam Mahmoud (Egipto), Mehdy Black Wind (Marruecos) o MBS (Argelia).

El portal informativo On-Orient o la radio virtual MidEastTunes son las que mejor mantienen al corriente de los grupos de más calidad, tanto actuales como antiguos, desde el Sáhara hasta Oriente Medio pasando por el Magreb y Egipto. Pero si lo que queréis es descubrir nuevos talentos, aquellos cantantes amateur que apenas cuentan con discos bajo el brazo, podéis consultar la plataforma Diapazone, en la que el colectivo de jóvenes marroquíes publican vídeos y artículos de las voces más emergentes del país norteafricano.

En la siguiente selección de música, “Mauritania to Palestine, the sounds of Cheb Lila’s memories”, que ofrece pinceladas aleatorias de lo que ha sonado y suena en los países de mayoría arabomusulmana,  también podréis identificar algunos de los nombres mencionados en este artículo. ¡A bailar, habibi!

+Gerard Casas (Barcelona, 1988) | soporte editorial. Licenciado en Traducción e Interpretación, formado en edición periodística y máster en Estudios Internacionales sobre Medios, Poder y Diversidad por la Universitat Pompeu Fabra. Entiende su profesión como una herramienta más de transformación social y mediación intercultural. Después de vivir en Marruecos, ha colaborado con colectivos activistas de distintos países dentro y fuera del continente africano en proyectos artísticos relacionados con el género y la diversidad sexual. Seleccionando música, Gerard es Cheb Lila.

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