Por Ángela Rodríguez Perea | Lisboa – Dakar.

Se podría decir que la Humanidad se divide entre los que saben que la música negra es la base de los sonidos de The Prodigy y los que están leyendo esto pensando que desvarío completamente. Probablemente los primeros sean una minoría; si eres del segundo grupo, quizás te convenzas viendo este tutorial de Jim Pavloff montando los samples de “Smack My Bitch Up” con el programa Ableton.

Hace ahora dos décadas, en el verano de ’97, que los británicos sacaban su famoso álbum ‘The Fat of the Land’. El disco llegó al número 1 de las listas en muchos países del Hemisferio norte, revolucionando para siempre el techno y a los “bakalaetas” de nuestros barrios. Veinte años después de aquello, que tanto marcó también mi pubertad, podría hablar de un sinfín de cosas, pero el homenaje de estas líneas va por esos samples “negros” del grupo británico.

Llevo tiempo preguntando a mis amigos qué se les pasa por la cabeza al pensar en la banda de Essex. Me hablan de “resaca”, “acid”, “electrónica”, “vómito”, “canis”, “jungle”, etc. Este repertorio me ha confirmado en parte lo que ya sabía: no se les cruza conceptos como el “soul”, “James Brown” o “Jamaica”. Además me consta que la mayor parte de lo que se ha escrito o hablado sobre el grupo omite un punto importante: que la música negra está en el corazón mismo de The Prodigy.

El primerísimo single de los Prodigy como grupo, ‘Oz (1990), llevaba en su vientre un sample de Lyn Collins, la conocida como “Predicadora Femenina”. Escrito y producido por James Brown, el tema Think (About It) es uno de los tracks más sampleados en el mundo del hip hop y del drum-and-bass de Baltimore, y eso fue probablemente lo único que salvó a Lyn Collins del olvido de la historia de la música. El funk y el R&B estaban también escondidos en singles como ‘The Beat’ (1990), con samples de Kool & the Gang; el hip hop venía de la mano de MC Duke en ‘Everybody in the Place’ (1992); el ragga de Daddy Freddy estaba en ‘Fire’ (1992), …

Sería demasiado largo y engorroso intentar contar la historia de por qué el techno es considerado “música blanca” y cómo se borró el rastro el “rastro negro” en su camino, pero en la genealogía de este estilo encontramos el house, una electrónica con bases del disco, el funk o el soul que surgió en Chicago dirigido en su mayoría para un público afroamericano. El techno fue un hijo de Detroit parido por productores negros, pero también fue un estilo de electrónica que acabó triunfando entre la juventud europea, siendo casi ignorado por América, tal vez por la enorme influencia que tuvo en su nacimiento el grupo de electrónica alemán Kraftwerk. Su minimalismo a base de sonidos sintéticos y repetitivos con reminiscencias a un futuro armónico occidental controlado por robots contaminó y (retomando el término de Brigitte Vasallo), “desafinó” la música contemporánea con una influencia que ningún otro músico alemán (dejando de lado a Bach) había tenido jamás. Y así, entrados en los 80, el funk, el R&B y el disco perdían el primer puesto en la pista de baile los sábados noche, disipándose para dar entrada a sonidos muy alejados: pop y rock neo-romántico, en su versión más inocente, house y acid en el otro extremo.

No hay que pasar por alto que cuando Liam Howlet y sus chicos empezaron a animar las raves ilegales de la periferia londinense, las cosas no eran tan fáciles como mezclar con un programita de ordenador. De hecho, el nombre de la banda  es un tributo a aquel sintetizador analógico del mismo apodo, con el que Howlet pasó tantas horas encerrado en su cuarto sampleando sonidos aislados que, literalmente, lo obsesionaban. “Su primer álbum fue Ska’s Greatest Hits, que su padre le había comprado con mucho amor”, explica Martin Roach en el libro ‘The Prodigy, the Official Story’. “Bandas como The Selecter y The Specials despertaron el interés del joven por la música callejera. Aquel otoño (…) estuvo escuchando muchos nuevos estilos y pasó horas en casa de sus amigos robando álbumes y desvalijando las colecciones de vinilo. Una de esas sesiones desenterró un disco de Grandmaster Flash And The Furious Five, el grupo de Nueva York que combinaba un conocimiento enciclopédico de la música negra americana con impresionantes juegos de tocadiscos, resultando en singles con grandes efectos como ‘The Message’ (1984)”.

En una reciente entrevista Maxim Reality recordaba: “Cuando conocí a Keith y Liam, una vez estábamos hablando de nuestros grupos de música favoritos y nos dimos cuenta de que el primer álbum que habíamos comprado todos nosotros era el debut de The Specials. Los tres compartíamos ese linaje musical. Reggae, hip-hop, dub, ska y punk, todo ello mezclado con lo que estaba pasando en los clubs en ese momento”.

En 1994 The Prodigy nos trajo una locura musical llamada ‘Music for the Jilted Generation’, donde las raíces caribeñas estarían más a la vista si no fuera por esa atmósfera oscura en la que bucea todo el disco. Buen ejemplo es la estrambótica ‘Out of Space’, mecida a trozos por la línea reggae de Max Romeo en su famosa ‘Chase the Devil’, una canción que se había grabado en el estudio jamaicano de Lee “Scratch” Perry, y entrecortada por el icónico arranque de los raperos Ultramagnetic MC’s en Critical Beatdown. Estaba también el sugerente título “Voodoo People”, cuyo vídeo original había sido rodado en la isla de Santa Lucía, en pleno Caribe. Aún más revelador me parece “Poison”, donde Howlet deliberadamente disminuye el tempo, llevando la contraria a lo que se llevaba en el frenético ritmo del techno. A medida que me voy haciendo vieja me parece más evidente una cosa: los contratiempos de “Poison” solo pueden salir de la cabeza de alguien que ha escuchado mucha música negra. Irónicamente, el single solo alcanzó los top de las listas en países nórdicos como Finlandia o Suecia.

Estos, son ejemplos salpicados tomados de un inagotable fondo pero bastan para empezar a preguntarse por qué no han trascendido estas melodías cuando se habla de The Prodigy. En el libro ‘Drum’n Bass: The Rough Guide’ describen su música como ”el mejor ejemplo de cómo la juventud británica tradujo el hiphop de la ‘América negra de la CNN’ a una música que no expresaba otra cosa que emociones”. La Rolling Stone los denominó “los Sex Pistols del techno” y, espoleada por su look y por su actitud, acabó forjándose la etiqueta que borraría todo el patrimonio musical de la banda: Había nacido el “electro punk”.

Aunque ‘The Fat of the Land’ salió a la luz en julio de 1997, el single ‘Firestarter’ estaba en la calle desde 1996, haciendo de contrapeso británico al ‘Wannabe’ de las Spice Girls. Mis amigos más freaks dicen que es un álbum comercial y puede que tengan razón, porque solo así se explica que penetrara en la escena “barriobajera” europea con esa asombrosa facilidad. Pasados bastantes años, cómo no, lo hipster se apropió de The Prodigy. Esta es una playlist para ellos, los modernos, y también para los curiosos y amantes de la música: vamos a desmenuzar estos tres hits que, quizás muy a tu pesar, tan bien conoces, para encontrar en sus samples el “rastro negro”.

 

Smack My Bitch UP

Afrique – ‘House Of Rising Funk’ (1973). También llamados “The Chubukos”, estos muchachos de Los Ángeles grabaron una de las canciones más funk de la Historia de la Música de la Vía Láctea:

 

Randy Weston – ‘In memory of’ (1973). Lo han llamado el “griot del jazz y de sus raíces africanas”, y es que el neoyorquino Randy Weston nunca se cansó de repetir lo importante que era trazar el origen de la música americana. Escucha con atención las bases, seguro que te suenan:

Firestarter

Ten City – ‘Devotion’ (1989). Antes de que Beyoncé fuera por ahí rompiendo parabrisas con bates de béisbol, alguien ya había pensado en el título de la canción de su videoclip. Fueron Ten City, y ‘Formation’ fue el álbum donde aparece esta maravilla:

Breathe

Little Richard – ‘Rill Thing’ (1970) ¿Qué se puede decir de Little Richard que no se haya dicho ya? Funk!:

 

Thin Lizzy – ‘Johny the Fox’. Una deliciosa y poco conocida mezcla de soul y rock proveniente de Irlanda.

Ángela Rodríguez Perea │Licenciada en Traducción e Interpretación y en Ciencias Políticas, máster en Gestión de proyectos, ha vivido entre 2007 y 2014 en Isla Reunión, Togo y Alemania, donde ha llevado a cabo muy diversos proyectos culturales. Está ahora instalada en Lisboa y vive, desde el corazón mismo del panorama cultural lisboeta, la escena artística africana que pasa por la capital.

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